COACHING RUGBY

RUGBY, PRINCIPIOS ÉTICOS Y RESPONSABILIDAD


El rugby es un juego creado para la diversión y alegría de los que lo juegan, combinando una mezcla perfecta de: fuerza, habilidad, coraje, inteligencia, capacidad individual y sentido de equipo.

No es un juego donde se encuentran treinta mariposas de distintos colores, es de vigoroso contacto físico, que pone a prueba las condiciones de aquellos que lo practican, forjando el carácter, la voluntad y la autodisciplina. De lucha permanente por la obtención, utilización y recuperación de la pelota.

El motivo de estar vinculado a este juego, como jugador, árbitro, entrenador, dirigente o espectador, es muy amplio: diversión y amistad. La amistad y la armonía son más grandes que el resultado de cualquier partido, perduran en el tiempo aún después que ese partido ha sido olvidado.

En una época marcadamente materialista como la que vivimos, no es fácil enseñar y difundir un deporte como el nuestro dentro del contexto de su espíritu y tradiciones. Todo parece indicar dentro del ambiente deportivo como el que nos rodea, que lo único realmente importante es ganar y para ello cualquier precio suele ser pagado. Además el “periodismo especializado y la televisión” cada vez más, exaltan al triunfador al mismo tiempo que disminuye sistemáticamente lo realizado por el perdedor.

Nadie que haya entendido correctamente el rugby, lo enseña o lo practica “para perder” Por el contrario si el juego consiste en tratar de marcar más tantos que el adversario, manteniendo un profundo y estricto respeto por las reglas del juego, es muy sano luchar por hacerlo y esto es precisamente “tratar de ganar”. Pero de ninguna manera significa que debe recorrerse cualquier camino para arribar a la victoria o que en el caso de no alcanzarla, lo realizado no sirve para nada y uno debe quedar sumido en una gran depresión por la derrota sufrida.

 “Un deporte vale como consecuencia de la educación que deja a quien lo practica”.

Esta educación está más allá de un triunfo o muchos de ellos, o de una derrota, o muchas de ellas. Esta educación se refiere a la capacidad del hombre de darlo todo sin pedir nada a cambio. Es la entrega total a una causa (en rugby llamado equipo, club, amistad) como consecuencia de un compromiso adquirido previamente. Este compromiso es absolutamente moral y tiene como tal muchísima más fuerza que el más severo de los contratos comerciales firmados.

El rugby  ha ido variando sus reglas, sus técnicas y métodos de entrenamiento. Los propios jugadores, han decidido reclamar más exigencias en las prácticas para poder disfrutar más aún en los partidos. Pero el espíritu y tradiciones del juego están allí erguidos y siguen rigiendo la vida de éste juego único en el mundo.

El chico que se inicia en nuestro juego debe ser enseñado, junto a pasar la pelota, correr con ella y placar, a que el juego de rugby es un complemento de nuestras vidas que busca hacer hombres mejores. Y para esto debemos enseñarles a soportar los fuertes golpes del juego sin protestar. A dar todo de sí por su equipo, a defender a su compañero ante la presión de la oposición y a que jugamos rugby gracias al adversario por lo que debemos estarle agradecidos por la oportunidad que nos brinda.

Toda la dureza de este juego se ve luego continuado en el llamado “tercer tiempo”, donde alrededor de una mesa, los jugadores sentándose y dialogando frente a su adversario ocasional, establecen lazos de amistad que, en algunos casos se vuelven imperecederos. Esta es una de las características principales de nuestro juego y quien no la practique, no ha entendido este gran juego en toda su dimensión.

 “El rugby es un juego de caballeros para hombres de cualquier raza, credo o clase social, pero jamás para hombres de cualquier clase”.